Sin complejos

 

Es una de las frases más repetidas en los últimos tiempos de rearme neoliberal y ultraconservador como un ‘revival’ del grito de guerra de Aznar: “Sin complejos”, que lanzó a su partido a uno de los mayores saqueos de la amada patria, que a unos cuantos les ha costado la trena, y al resto, la ruina.

Pues bien, a las que veo sin ningún complejo es a las mujeres feministas, que subidas en su cuarta ola van a provocar un tsunami en la política española. La mayoría no piensan votar a ningún partido que no lleve en su programa la prohibición de los vientres de alquiler, la abolición de la prostitución, el control de la pornografía, una exigente ley sobre violencia machista y una eliminación de la brecha salarial.

Que no se lo tomen en broma.

Algunos las tildan de pacatas, prohibicionistas e incluso de beatas y estrechas, pero sucede todo lo contrario, porque la liberación de esos asuntos, que tienen que ver con el sexo y su industria, es lo que más humilla y maltrata a las mujeres, de modo que bajo el eufemismo de la libertad y del latiguillo “mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero”, se esconde la gran falacia con la que estos asuntos se disculpan, se toleran o se defienden. A otros les sirve para hacer negocio directamente. Y muy suculento por cierto.

Lo peor es que a parte de la izquierda estos temas le parecen muy progres. Les digo: la mayor resistencia actual a las fuerzas conservadoras y ultras son ahora las feministas. No se distancian demasiado de este movimiento porque no se van a andar con chiquitas. Y quién sabe si votarán en masa al Partido Feminista, hasta ahora insignificante en el panorama político, pero que puede tener una gran subida en las próximas elecciones.

El grito de “sin complejos” nos trae recuerdos muy aciagos y nos promete una ofensiva de lo ultra a calzón quitado. Sin complejos supone traer como orgullo andaluz a un García Lorca mientras se promete derogar la ley de memoria histórica o de un Blas Infante, fusilado por las fuerzas con las que parecen ahora alinearse.

Sin complejos va a favorecer la educación concertada y segregada en muchos casos junto al desmantelamiento de la sanidad pública a favor de la privada. Me pregunto qué sentido tienen unos políticos que no potencian, sobre todo, lo público. Son como gerentes de grandes empresas que buscan sólo el beneficio sin I+D siquiera. Y veremos cómo un clientelismo, que ha existido sin duda con los socialistas, es sustituido por otro clientelismo igualmente depredador.

El movimiento feminista tendría también que ocuparse de esos asuntos como bandera de una calle que no acaba de encontrar su representatividad. Unos setecientos mil se quedaron en su casa porque tampoco la izquierda respondía a sus presupuestos. Hombres y mujeres.

Victoria Sendón de León