El vientre de mamá

 

 

Un ser humano nace siempre de una mujer.

Su vida comienza en el momento de la concepción y culmina el día de su nacimiento. Ese pequeño, esa niña, no conoce a nadie más que a una persona en el mundo, su madre. Y la conoce bien.

Por primera vez en su corta vida va a experimentar un cambio importante, el más importante probablemente que experimentará nunca, un dolor profundo. Ninguna separación posterior será tan drástica. Aunque la falta de memoria sobre estos momentos los haga en principio más llevaderos.

Esa criatura va a salir del cuerpo de ella y va a ser otro.

No nos engañemos, si de nosotros dependiera no lo haríamos. no saldríamos.

No en vano se conoce a este momento como “expulsivo”, no salimos, somos expulsados por nuestra madre para que no perezcamos los dos a causa de un feto demasiado grande.

No por otra razón vamos a pasar el resto de nuestra existencia intentando recuperar ese período de tiempo durante el cual fuimos amados en nuestra totalidad, ni conocimos el vértigo de la soledad, así que buscaremos recuperar en todas nuestras futuras relaciones una unicidad como la que tuvimos y perdimos.

Esa es la expulsión del paraíso.

Desde el momento mismo de la concepción empieza la relación de la madre con la criaturita que crece en su interior. Desde el minuto uno comienza los intercambios hormonales, las transmisiones, sin las que la pequeña vida jamás llegaría a término. es incesante, e incontables son las operaciones físicas, bioquímicas etc.… que se intercambian madre e hijo durante esos nueve meses.

El esfuerzo materno es ímprobo, su renuncia a su propia completitud, muy arriesgada.

Para hacernos una idea:

Los genes de la madre y los del padre tienen intereses contrapuestos. Los del padre están ferozmente a favor de que el bebé se haga lo más fuerte posible y se alimente pese a cualquier cosa. Por eso apuestan por la placenta, que sea grande, que sea fuerte, que sea nutricia.

Los genes de la madre tienen un compromiso, un dilema. el deseo de prolongarse también a través de la vida de su hijo, sí, también la madre posee su gen egoísta, pero además tiene la obligación de que todo eso se mantenga, es decir, sí a una placenta fuerte y nutricia para un niño robusto, pero sin que eso llegue a debilitarla tanto a ella que pueda fallecer, y con ella, su bebé.

Sirva esto para dar idea de la peligrosa inversión que es para una mujer tener un hijo o hija. Si ahora no mueren muchas mujeres de parto no es a causa de que el proceso sea más fácil sino de que hay medidas preventivas y curativas para el caso.

Cuando alegremente se habla de la gestación subrogada, denominación que ya escama porque de subrogada no tiene nada y si le llaman así será que su verdadero nombre no es bonito, compra de niños, pues eso, digo, cuando se habla alegremente de comprar niños, que es algo que hasta ahora a ningún canalla aún se le había ocurrido legalizar, cuando se habla de comprar niños, curiosamente no se habla de los niños. Se habla de las madres, madres sustitutas, padres… se habla de los derechos o deseos de todo Dios menos de los de los recién nacidos, de los derechos de éstos.

Antes de que alguien me salte a la yugular aclararé que un recién nacido tiene titularidad propia, tiene derechos, es sujeto de protección etc., algo que no ocurre, no puede ocurrir, con un embrión, que no tiene ni puede tener titularidad propia porque forma parte del cuerpo de una mujer.

Por lo tanto, no tiene nada que ver hablar de un embrión con hablar de un niño.

Pues bien, en los llamados vientres de alquiler, de lo que se trata es de legalizar la compraventa de niños ¿por qué? porque hay gente que los compra. Hay gente que tiene deseos y todo deseo en la sociedad que se han empeñado en fabricar para nosotras, se cumple si hay dinero de por medio. Y lo hay, claro que lo hay.

Que yo desee tener algo que otra persona tiene no me da derecho ni a tenerlo ni siquiera a poder comprárselo. Cuánto ganaría nuestra sociedad si aprendiéramos más bien a manejarnos con nuestras frustraciones, deseos, límites y posibilidades.

¿Por qué ahora?

Aparte del tópico de la falta de valores que, aunque sea tópica es cierta, ya que hemos matado a Dios para poner marcas de productos en ese altar, se da ahora la circunstancia de que existen parejas de hombres en las que ninguno de los dos puede naturalmente engendrar. Con las parejas gais ha nacido el deseo de completar la familia teniendo niños, como ellos no pueden tenerlos, los compran.

No puedo por menos de resentirme por el hecho de que sean los hombres gais los que mayoritariamente están perpetrando este último golpe a las mujeres. Deberían recordar que fueron las feministas las que les echaron una mano y los reconocieron cuando eran considerados personas indeseables.

También hay parejas heterosexuales que viven el mismo problema, pero de esas ha habido siempre y la compraventa de niños ha aparecido ahora. Por algo, siempre por algo.

Fue el partido político Ciudadanos (Cs) quien puso en la agenda política este asunto. Donde haya algo que liberalizar, un negocio que probar, allí están ellos. A Cs se les da una higa el dolor, o circunstancias de vendedora o de compradores, ellos ven negocio, bufetes de abogados, clínicas, laboratorios… floreciendo por doquier, haciendo sustanciosas cajas, disimulando errores con mañas de trilero.

Ellos ven pasta, dinero.

¿Y las mujeres cuyos vientres se pretende alquilar? pues mayoritariamente serían pobres, claro, pero no sólo.

Es cierto que la falta de “práctica de ser mujeres” a que nos ha sometido el patriarcado durante algunos milenios, ha enajenado a muchas, nos ha alejado de nuestra naturaleza, nos ha alienado.

En estas circunstancias, no es inédito ver a mujeres usando su capacidad reproductiva como forma de ir tirando, de mantenerse o incluso de cambiar de coche.

Una vez que el patriarcado nos objetualizó a las mujeres, todo desmán se les hizo posible a los hombres. Una vez cosificados los bebés, pasará lo mismo.

Para colmo de desvaríos, una minoritaria pero agresiva parte del feminismo está acogiendo con entusiasmo la propuesta de legalización de los vientres de alquiler.

Me excuso por anticipado, pero sinceramente creo que están muy equivocadas, gravemente equivocadas, quizá sólo debido a su deseo de dejar su impronta en el ya largo camino de la lucha feminista, quizá por el deseo de no ser alguien que simplemente arrima el hombro, quizá, por el simple deseo de ser alguien.

Amparo Ballesteros