Con faldas y a lo loco

 

Creímos hasta ahora que el Papa Francisco era un tipo progre y tal. Sí, hasta que le vimos el plumero como a otros muchos progres, que tienen su punto débil en la competencia con las mujeres. Si éstas levantan la cabeza o la voz, sus privilegios peligran y por ahí no pasan. En la Iglesia más acentuado aún porque ellos son los pastores y nosotras el rebaño.

 

Cuando el movimiento feminista comienza a manifestarse con fuerza y de modo masivo, ay, ven peligrar su poder, y tienen razón. Es el movimiento que puede acabar con una institución tan patriarcal como la Iglesia de Roma, tan dominante, rica y prepotente. Una institución que ha supuesto enormes sufrimientos, prohibiciones, represiones y abusos para las mujeres.

¿Qué hacen todavía perteneciendo a esa Iglesia, acudiendo a sus templos o sirviendo a sus sacerdotes? ¿Qué hacen llenando la Plaza de San Pedro para recibir una bendición del jefe de semejante organización?

Pues bien, se ha reunido la Curia Vaticana y los obispos y cardenales del mundo para que el Prelado hiciera una condena firme ante ellos de la pederastia en la Iglesia. Un horror difícil de digerir. Una mujer fue invitada para hacer un discurso y añadir así un toque femenino para estar a la moda, discurso que fue aprovechado por Bergoglio para apostillar que eso no significaba que las mujeres pudieran aspirar a otras funciones en la Iglesia que las que ya tenían, es decir, las de sirvientas. También intervino para denigrar al feminismo diciendo literalmente: “Todo feminismo acaba siendo un machismo con faldas”.

¿Ah, sí? Pues yo creo que un machismo con faldas es el que ellos practican, escondiendo sus vergüenzas con sus largos faldones, sus medias de seda, sus hebillas de plata, sus fajines rojos o morados y sus gorritos a juego.

Precisamente esas faldas vaticanas son una copia de la vestimenta de las antiguas sacerdotisas de las diosas madres. El alba que usan para decir misa es como la túnica blanca de las vestales romanas, y la tiara, similar a uno de los símbolos de poder de la Gran Sacerdotisa, que podemos ver en la diosa de las serpientes cretense. También el báculo, que termina en una fina orfebrería con la cabeza de un dragón o de una serpiente. Y la mayor apropiación, el color púrpura, que era propio de la Gran Madre. Con que ¿un machismo con faldas? El de ellos.

Victoria Sendón de León